IDKFA por favor. IDKFA ahora mismo.
September 23rd, 2008What a horrible night
¿Se acuerdan de DOOM, el ultra-sangriento shooter 3D publicado en la Navidad de 1993? Yo sí, y la última vez que me acordé de él fue este último sábado.
Estuve en la discoteca Drama, en la Costa Verde, por motivo del cumple de una amiga de Fernando. Las artimañas de ciertas personas me habían llevado a creer que éste era el nuevo point. Nada más alejado de la realidad.
Apilados en escasos quinientos y tantos metros cuadrados nos encontrabamos unas dos mil personas. La música se iba poniendo peor conforme pasaban los minutos. La gente también, más escandalosa, más fea, más mutante. ¡Qué hacer! ¡Qué hacer!
Nada, rendirse y mezclarse con la horda durante un rato, hasta finalmente no aguantar más y decidir escapar a destinos psicológicamente menos violentos. Salvo que prestos a hacerlo te das cuenta de que tomaste la decisión muy tarde y que ahora el escape es poco menos que imposible. Estás al final de la discoteca y la salida pareciera ser el final feliz de una telenovela mexicana, una utopía bañada en cerveza Peroni. Un mar de blasfemas gordas jadeantes dibujan siluetas imposibles a ritmo de danzas boricuas. Ni Moisés puede pasar en medio de ellas. Innumerables jaurías de zombies ebrios ensayan poses que solo imaginas que pudieran haber surtido efecto en un mundo bizarro, pero que, para tu sorpresa, parecen funcionar acá. Empiezas a pensar, a pesar de que no crees en él, que si el infierno existiera se parecería bastante a ésto. Las formas se juntan, se clonan, se multiplican. Es el juego Life de Conway con el peor estado inicial que alguna vez se haya podido configurar.
Y te acuerdas de DOOM. Específicamente te acuerdas de la mágica secuencia de teclas IDKFA e IDDQD que le daban a tu personaje invulnerabilidad y un cargamento completo de todas las armas disponibles en el juego. Pero no necesitas invulnerabilidad, no. En este momento solo necesitas el arma número siete, la BFG 9000. La necesitas a ella con una sola carga, que procederás a disparar en plena discoteca, acabando con todas las almas reguetoneras bailando el maldito meneito en medio de fantásticas explosiones de gloria en tonos verdes.
Intenté dibujar las letras en el aire. IDKFA. Nada. Imaginé el arma con todas las ganas del mundo. Probé tratar de proyectarme astralmente a Phobos. Cero, nulo. ¿Estaba atrapado realmente?
No, el destino me sonrió una vez más y no tuvimos que enfrentar a la masa deforme esta vez, pudimos escapar por la terraza que daba a la playa. El horror verdadero es que este viernes tengo que regresar.
Bedpost
En otras noticias me llego una invitación para usar Bedpost, una página en la que puedes llevar el registro de toda tu vida sexual, bien loca la Web 2.0. Me hace acordar cuando cierto personaje entró hace unos seis años a un canal de chat donde pasabamos el rato a veces una veintena de linuxeros y ahí LIVE!, en vivo y en directo procedió a copular (sí, que horrible verbo, pero lo uso porque que yo sepa sólo hacen el amor los seres humanos, y la cosa con la que este sujeto se fusionaba sexualmente era mas bien una especie de ente cthulhiano que ni H.R. Giger se hubiera podido imaginar), transmitiendo el terrible espectáculo por su webcam. Seis años y aún no puedo recuperarme, nunca podré hacerlo.

















